“El Séptimo continente” de Michael Haneke

En el túnel del absurdo…los escapes están llenos de sensatez.

“A veces, imagino a la gente, en lugar de una cabeza opaca, una pantalla sobre la cual aparecen sus pensamientos”   -El séptimo continente. Michael Haneke (1988)

El hastío de la estabilidad y la monotonía de la exigencia tácita de vidas lineales y estructuradas, donde los sobresaltos de la naturaleza humana nos hunden en la mierda de nuestras carencias. Vidas que transitan con la música de fondo de la publicidad del último producto televisivo; mientras desde el auto alimentamos nuestro natural voyeurismo con  el cadáver cubierto  en la calle, ironía tal vez, de un tiempo que no es tiempo y se dispersa en la indiferencia del mecanicismo voraz.

Ese túnel de lavado de autos, rutina de la familia del relato presentado por Haneke, nos dice todo. Estamos dentro de jaulas, de máquinas, que nos facilitan y al mismo tiempo nos hacen autómatas de la vida. No sentimos nada, sólo vemos tras el parabrisa como se desliza el agua, como golpea el agua, cómo restriega nuestras pantallas del pensamiento. Pienso que  ese tedio, ese demo de la limpieza, esa repetición absurda de lo cotidiano está plagada de violencia. Esa escena donde estando en el túnel, nadie habla y en un momento sólo se ve la sombre del perfil de la madre de familia, mientras las ventanas jabonosas parecen simular el llanto que no nace más que en el exterior de las máquinas, es magistral. Suena como una tormenta, pero perturba su silencio. Son tres silencios cuyas miradas a veces se chocan ciegas, como la niña que dice que no ve…es aquí donde se quiebran todos y deciden escapar de la manera más sensata que pueden.

Aquí el peso de los diálogos lo entablan los momentos, por ello las palabras sobran. La escena donde con el hacha destruyen el reloj y todo el mobiliario de la comodidad y la modernidad,  la pecera rota y sus habitantes saltando entre los escombros del caos de la existencia no son más que una metáfora de la existencia occidental…la permanente asfixia de la convivencia interior y exterior. El dinero al inodoro. Somos un canal que no vemos, somos la señal perdida, errantes complacientes de la perfecta maniobra de la autodestrucción y el llanto repentino a la deriva del continente de la basura y el vacío.

Haneke no es un director fácil ni para cualquier momento…mucho menos lo es ésta película (El séptimo continente). Para acercarnos a él hacen falta las dosis justas de hastío, decepción, deconstrucción y unas vitales  dosis de hálito transformador…sino, o nos perdemos en el sopor tóxico depresivo de la consciencia que nos muestra algo  que no nos gusta (nos dormimos) , o en el peor de los casos…no  entendemos lo que quiso decir porque la indiferencia de la que podemos o no ser parte, nos inmunizó.

der-siebente-kontinent-original

dfd

haneke

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s